El cincuentenario de la obra más ambiciosa de Kubrik es una excusa excelente para analizar el mensaje premonitorio sobre entornos. 2001, una odisea del espacio se adelanta al futuro en los sets de rodaje y se puede comparar con una realidad que parece muy alejada de aquella visión. O no tanto.

2001, odisea del espacio

Es bien conocido el perfeccionismo rayano en la obsesión que tenía Stanley Kubrik por los decorados de sus películas. Sus colaboradores aseguraban que la manía del cineasta era tan exagerada que llegaba a preocuparse por la autenticidad de los más pequeños objetos. E incluso por detalles que ni siquiera aparecían en el plano en la cinta 2001.

2001, odisea del espacio

Dejemos de lado el apabullante interior circular para el que construyó una centrifugadora de tamaño real al anillo de la nave por donde el protagonista hacia running (un decorado que hoy sería impensable). Centrémonos en la estación espacial de enlace y en el onírico decorado final de 2001, donde el astronauta descubre la relatividad temporal.

2001, odisea del espacio

La recepción del Hotel Hilton donde los científicos se reúnen antes de viajar hasta el segundo monolito, es un espacio abierto. Ligeramente curvado hacia arriba donde sólo destacan los sillones orgánicos rojos de Olivier Morgue y las mesitas de Saarinen. Un espacio diáfano iluminado de forma espléndida por un techo luminoso y un pavimento blanco que refleja la luz. Una pequeña cabina de cristal permite conseguir un poco de intimidad. Un espacio abierto con phone booth ¿Nos suena el decorado?

2001, odisea del espacio

El dormitorio bizarro

Estamos en el dormitorio bizarro donde el astronauta aparece al final de la historia de 2001. Allí contempla su envejecimiento y final reencarnación fetal. Kubrik utiliza mobiliario de estilo neoclásico sobre un pavimento con luz interior que parece realizado en un material desconocido. El contraste entre los muebles barrocos policromados y el entorno hipertecnificado se muestra como una forma de reconciliar dos mundos. Dos mundos que, en realidad, nunca se han separado. Una metáfora parecida a la del uso del vals de Strauss para presentar la primera nave espacial que aparece en la cinta 2001. Contraste estético, barroco y tecnología, trabajo y hogar. ¿Nos recuerda a algo muy cercano el decorado de 2001, diseñado cincuenta años atrás?

En el CCCB se presenta una interesante exposición sobre Stanley Kubrik que analiza su trayectoria como cineasta. Hasta el 31 de marzo de 2019.

TEXTO MARCEL BENEDITO  
FOTOGRAFÍAS CORTESIA WARNER MEDIA