La estructura colosal que, durante la Segunda Guerra Mundial, funcionó como factoría para construir destructores militares y submarinos, se ha transformado en la sede de Gusto en San Francisco, con la ayuda de Gensler que plantea un proyecto audaz pero respetuoso con la historia de los astilleros.

Gensler_Gusto

Este enorme edificio industrial en San Francisco, levantado como nave para la construcción de submarinos, ahora funciona como espacio de trabajo para una compañía de software de recursos humanos, donde se alienta a los empleados a ponerse cómodos. La firma Gusto proporciona una plataforma para la gestión de nóminas, beneficios y recursos humanos basada en la nube, que ha crecido rápidamente para atender a más de 60.000 empresas.

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Esta expansión dio lugar a la necesidad de más espacio de trabajo que Gusto encontró en el antiguo astillero, en la costa este de San Francisco. El área ya estaba experimentando una importante revitalización, por lo que la oportunidad de mudarse a uno de sus edificios más grandes y emblemáticos parecía a la compañía demasiado buena para dejarla pasar.

Marcy Wong Donn Logan Arquitectos, con sede en Berkeley, supervisó la reutilización adaptativa de las estructuras del Muelle 70 para convertirlas en espacios utilizables, mientras cumplía con los requisitos de la protección del edificio como patrimonio histórico de la ciudad.

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Respeto por el pasado

En el Edificio 113, donde se encuentra Gusto, Gensler ha realizado el trabajo de adaptación a oficinas con un profundo respeto por las preexistencias, dejando a la vista las fantásticas estructuras de acero y las grúas que permitían el trabajo en los astilleros.

A lo largo de toda la nave, la altura total del espacio se mantiene abierta hasta el techo de estructura de metal. Esta área se trata como un salón gigante, con sofás y zonas de escritorio para que los empleados lo usen para el trabajo informal y reuniones espontáneas, siguiendo la filosofía de la empresa.

El edificio renace como una sala de estar de impresionantes dimensiones en la que la gente de la firma y sus invitados se suelen quitar los zapatos por comodidad en una experiencia de trabajo sin precedentes.

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Transformar el espacio

Un marco estructural secundario se coloca detrás de los soportes originales para crear niveles intermedios en cada lado de la gran nave. En las esquinas opuestas, dos escaleras negras mínimas brindan acceso a los pisos superiores y crean un fuerte contraste con los acabados industriales.

Los espacios de oficina y salas de reuniones se encuentran debajo, dejando el nivel superior abierto para más espacios de salones y áreas de cocina. Éstos aprovechan las grandes ventanas en forma de arco y el ladrillo visto para recrear un ambiente industrial con vistas al mar, muy agradable. En la entrada frontal, los paneles de vidrio se extienden de piso a techo para mostrar la escala de la estructura.

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Honrar la cultura de Gusto y transformar, a la vez, un espacio abierto muy complicado en oficinas, fue un reto para la propia compañía. La clave del traslado fue el uso de la realidad virtual como herramienta de gestión del cambio para que los empleados pudieran ver virtualmente su nuevo espacio. La aceptación era vital para este momento decisivo en la trayectoria de Gusto. El proyecto regenera una parte de la historia de San Francisco mientras apoya la evolución de uno de sus nuevos negocios.

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Sala de invitados

Gensler creó una sala de estar gigante para empleados e invitados con elementos de diseño como el cubículo de zapatos de la empresa, una pared revestida con una planta viva y un mural pintado por los empleados que representa a sus clientes.

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Palisades es un divisor de zona modular personalizable con un estilo años 50, que brinda flexibilidad y ha resultado idóneo para urbanizar el espacio de trabajo de esta gigantesca sala que ahora ocupa Gusto en San Francisco. Este sistema de la firma Spacestor ofrece el nivel necesario de privacidad entre las diferentes áreas de trabajo mientras mantiene una conexión con lo que está sucediendo. Para iluminar el espacio cuando baja la luz natural se ha utilizado la familia de productos Core de V2. En las zonas de relax se han colocado butacas Nest de Hightower, una innovadora colección de salones desarrollada por el estudio de diseño sueco Form Us With Love.

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«Queremos que nuestra oficina se sienta como un hogar«, explica el CEO y cofundador de Gusto, Josh Reeves, «para que sea cómodo y auténtico». Gusto está renovando la gestión de las nóminas, los beneficios y los recursos humanos para empresas modernas. Atiende a más de 60.000 compañías en todo el país y tiene oficinas en San Francisco y Denver.

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TEXTO MARCO BRIONI. 
FOTOGRAFÍA RAFAEL GAMO, CORTESÍA GENSLER
Director: Randy Howder.
Director de diseño: Marcus Hopper.
Arquitectura de proyecto: Ellen Fuson.
Arquitectura de diseño: Ian Young.
Directora de diseño: Kelly Dubisar.
Diseñadores: Amanda Tharp, Marissa Everling.
Realidad virtual: Adam Nakagoshi.
Estrategia de Workplace: Jane Christen.
Consultor LEED: Jane Christen.
Lighting Designer: Jeremy Steinmeier.
Sostenibilidad: Stok.
Construcción: Principal Builders.
Ingeniería de estructuras: Ficcadenti Waggoner and Castle Structural Engineers.
Mobiliario: Spacestor, Hightower.