El segundo y atento visionado de Dolor y Gloria, la cinta de Almodóvar que rozó el Óscar, nos permite reparar en los objetos, muebles, lámparas y cuadros que componen el verdadero retablo vital del autorretratado. Y, de forma especial, en cierto escritorio rojo que ayuda a transitar con paso seguro entre dos siglos.

En su obra más personal y autobiográfica, Pedro Almodóvar utiliza una vez más los decorados para explicar el contexto de la historia. Se sirve del siempre creativo trabajo de Atxón Gómez, como director de arte, para recrear unos espacios que nos explican con detalle lo que pasa por la cabeza de cada personaje. Mejor aún, todo aquello que les ha sucedido para llegar a donde están ahora.

Almodóvar Dolor y gloria

Vocabulario mágico

La estética reconocible de colores vivos, objetos encontrados y piezas de diseño clásico es el vocabulario mágico que presenta a los protagonistas de Dolor y Gloria. Sabemos que en esta historia hay retazos de su vida, especialmente, porque muchos de los muebles que aparecen en los escenarios proceden del propio apartamento del direcetor en Madrid. Más claro, agua.

Almodóvar se reconoce una persona fetichista, coleccionista incorregible de objetos bellos. Y, en alguna entrevista, ha declarado que estaba deseando utilizar ciertos cuadros de su propiedad como fondo de una película. ¿No será esta cinta una excusa para armar y mostrarnos un espacio imaginario que es el mismo donde habitan sus recuerdos?

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Como todos los grandes maestros del cine, está convencido de que Dios está en los detalles. Lo dijo Van der Rohe. Por eso, utiliza muchos elementos clásicos del diseño reciente mezclados con objetos decididamente kitsch para hablar de gente, como muchos de nosotros, que tienen un pie en cada siglo y el alma dividida entre la Movida Madrileña y la Movida de 2020.

Dolor y vivencias

Los escenarios de Almodóvar son artefactos narrativos que nos permiten disfrutar sus películas por capas. En el primer visionado saboreamos las vicisitudes de los protagonistas. En el segundo, leemos con detalle lo que nos cuenta el abigarrado escenario y descubrimos joyas inesperadas como el escritorio metálico de Breuer (ver recuadro) que nos hablan de una actitud ante el trabajo no exenta de compromiso con las formas y los materiales más bellos.

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El rojo que, por cierto, es el color del escritorio del personaje interpretado por Asier Etxeandia, es un imprescindible en la simbología del director manchego. Es el color de la pasión, de la sangre, de la bandera y de lo prohibido. Toda una declaración de intenciones. Hay dolor mezclado con vivencias en esta cinta. Hay gloria en la proyección internacional de un chaval que no parece creerse a dónde ha llegado. Pero, sobre todo, hay diseño expresivo y melodramático que nos cuenta cosas que van más allá de los recuerdos de infancia.

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ESCRITORIO S285 ROJO TOMATE

Así lo describe el fabricante vienés Thonet en su catálogo actual y así lo vemos en Dolor y Gloria. Su diseñador, Marcel Breuer se adelantó a su tiempo con el escritorio compacto de tubo de acero que diseñó en 1935. Un distinguido acompañante para el estilo de vida actual. El bastidor está formado por una única línea curva en la que parecen flotar los elementos de madera de formas claras. La firma Thonet lo sigue produciendo en la actualidad.

Un ojo bien entrenado podrá identificar en la película varias piezas icónicas de diseño del siglo XX, fáciles de encontrar. La mesa Mexique de Charlotte Perriand para Cassina, un contenedor con mariposas de Fornasetti, la lámpara Eclisse diseñada por Vico Magistretti para Artemide, una cómoda de madera reciclada de Piet Hein Eek, el reloj de George Nelson de Vitra, la lámpara Pipistrello de Gae Aulenti para Martinelli Luce, los sillones 637 Utrecht de Rietveld que produce Cassina. Entre los objetos también hay una tostadora Smeg edición Dolce & Gabbana, y varias piezas de Ettore Sottsass.

TEXTO MARCEL BENEDITO 
FOTOGRAFÍAS CORTESÍA EL DESEO
Almodóvar Dolor y gloria
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