Es uno de los diseños más asombrosamente sencillos que nos dejó el siglo XX. Aún así, la popularidad del boli Bic, apoyada en su precio y en la facilidad de uso, abría una era de insospechadas consecuencias en la que aún estamos inmersos. Para lo bueno y para lo malo. El Bic fue el primer artículo de consumo de usar y tirar.

El diseño del bolígrafo Bic Cristal está considerado un clásico del pasado siglo. Su efectividad y simplicidad le han merecido un puesto en la colección permanente de diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Su forma hexagonal se inspiró en la de los lápices de madera, y permite un empleo mínimo de plástico en su fabricación. Con sus tres puntos de agarre, el bolígrafo transmite una gran estabilidad en la escritura.

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Transparente

El cañón de poliestireno transparente del bolígrafo muestra el nivel de tinta. Un pequeño agujero en la carcasa exterior mantiene la misma presión de aire tanto dentro como fuera del bolígrafo. La tinta es empujada hacia abajo por la gravedad del tubo. Lo hace para surtir a la bola situada en el interior de una punta de plata de níquel. En 1961 la bola de acero inoxidable fue reemplazada por una más resistente de carburo de tungsteno que está vitrificada por calor. Desde 1991 se añadió al icónico tapón de propileno un agujero con el objetivo de evitar que la tapa obstruya completamente las vías respiratorias si se inhala accidentalmente.

Bola y graphos

En 1944, Marcel Bich compró una fábrica de piezas para plumas en Clichy, Francia. Con su socio, Édouard Buffard, empezó a fabricar componentes para instrumentos de escritura. Marcel Bich, creyendo en el potencial del bolígrafo, adaptó y mejoró el bolígrafo inventado por el húngaro László Biró. En diciembre de 1950, lanzó su propio bolígrafo bajo la marca BIC, una versión de su propio apellido más corta y fácil de recordar. La calidad y el precio accesible del bolígrafo lo popularizó rápidamente a nivel internacional.