Las causas de los problemas de salud mental en el lugar de trabajo son muchas y complejas. Pero lo que comemos y las actitudes de la empresa con respecto a los alimentos está teniendo un profundo impacto en nuestro comportamiento. Kate Cook, autora del libro “Nutrición positiva. Comer estratégicamente para mejorar su salud y energía” y experta en wellbeing, nos explica las claves.

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Es alentador observar la forma en que la salud mental se introduce en la agenda de muchas compañías en todo el mundo. En algunas se han asignado recursos a los “Auxilios para la Salud Mental” para identificar a las personas en riesgo y, por lo tanto, prevenir la tragedia. Es, ciertamente, un progreso. Pero identificar problemas es una cosa, hacer algo para llegar a las causas fundamentales es otra.

Las causas fundamentales de la salud mental en el trabajo son diversas y complicadas. Pero nunca deja de sorprenderme que la alimentación casi nunca se consideran un factor importante en los problemas de salud mental en la oficina. La forma en que los trabajadores se involucran con la comida es, seguramente, algo de su elección. Parece sospechoso que las compañías intenten sugerir que nuestro combustible es el problema. La alimentación es una de las últimas vacas sagradas de la libertad de elección. Trabajar duro significa que los trabajadores quieren un buen trato, no que se les diga qué comer.

Determinando resultados de salud

La forma en que la cultura del trabajo trata nuestra necesidad de comer es clave para gestionar los patrones de comportamiento en torno a cómo valoramos la alimentación. La manera en que nos alimentamos determina los resultados de salud en muchos niveles, desde la diabetes hasta las enfermedades del corazón, pero también la  salud mental.

En un nivel muy básico, el aumento del consumo de cafeína en la sociedad es un fenómeno que pone en peligro a nuestro sueño según los expertos en la materia. Y muchos de los problemas del sueño se parecen a los problemas de salud mental. De hecho, no hay problemas de salud mental que no estén relacionados con el sueño perturbado. Los problemas de azúcar en la sangre derivados de una dieta deficiente pueden causar síntomas de comportamiento nervioso y de mal humor, falta de sueño, ansiedad, ira, depresión y estrés.

Culturalmente, según Kate Cook, las empresas tienen el deber de asegurarse de que los trabajadores tengan una cantidad adecuada de tiempo para comer. La idea de una pausa para el almuerzo se ha visto gravemente reducida en muchas organizaciones. Comer un sándwich en la mesa de trabajo mientras se realizan varias tareas es algo habitual en muchas oficinas.

Las empresas pueden ser responsables si permiten las máquinas expendedoras que ofrecen malas opciones de comida basura. ¿si somos conscientes de que la alimentación de los niños con azúcar es una mala idea que afecta a su crecimiento y rendimiento físico, ¿por qué no hacemos los mismo con la alimentación de los adultos en su puesto de trabajo?

No hay tiempo para comer

Otro obstáculo para comer bien en jornada laboral son las largas horas y el tiempo prolongado que muchas compañías demandan como parte de su ética laboral. Llegar temprano (sin tiempo para desayunar), luego quedarse hasta tarde en el trabajo, cenar de mala manera durante la noche, da lugar a una mala selección de alimentos. No hay tiempo para comprar fuera del sistema de supermercados nocturno, lo que significa que la alimentación apresurada también es deficiente.

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Nos acostumbramos a una mala alimentación de la misma forma que no podemos prescindir del teléfono móvil. El teléfono inteligente, como los alimentos procesados, está diseñado para ser adictivo y es posible que no tengamos tantas opciones como pensamos.

Las actitudes en el lugar de trabajo con respecto a la alimentación, cuánto tiempo nos permiten comer y cómo nos relacionamos con los límites horarios son claves para identificar una de las causas clave de la mala salud mental. Por supuesto, eso no excluye otros factores como el estrés, la intimidación o la presión laboral, pero abordar la bioquímica pobre de las personas a través de una dieta inadecuada y deficiente en nutrientes será uno de los fundamentos de cómo gestionamos la salud mental desde su raíz.

 

Texto: Kate Cook